Histórico concierto con arias de óperas chilenas.

Poco público hubo el lunes en la Sala América de la Biblioteca Nacional en un concierto que bien puede ser declarado “histórico”. No había más de 30 personas para escuchar un repertorio olvidado y de gran interés: arias de óperas chilenas. Partituras cuyos compositores sufrieron la postergación y el desdén de una sociedad que así quería que Chile tuviera títulos líricos propios, pero que a la vez desconfiaba de la capacidad de los músicos nacionales para lograr productos a la altura. Como decía el tenor Gonzalo Cuadra, responsable de la investigación, el rescate y la dirección musical, componer óperas en el Chile de fines del siglo XIX y comienzos del XX, fue una verdadera “épica musical”.

El concierto -parte de la X Temporada del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado- comenzó con tres fragmentos de la ópera “Velleda”, de Raoul Hügel (1879-1973), compuesta en 1898 y estrenada en 1902. El precoz Hügel creó una decena de títulos líricos -como “Herta” (1898, perdida y “primera ópera compuesta por un chileno en ser oída en el extranjero”, como explicó Cuadra) y “Ghismonda” (1898)-, y “Velleda” fue el único que logró estrenar en Chile. La “Canción del niño pescador” (cantada por la soprano Nicole Galleguillos) y la escena y aria de Velleda (por la soprano Soledad Mayorga) develaron el gusto lírico de la época por el drama intenso de la llamada “Giovane Scuola” (Mascagni, Leoncavallo, Cilea), con líneas musicales que recuerdan a Wagner, especialmente evidente en los fragmentos escogidos de “Ghismonda”, con texto en alemán, de la que el barítono Cristián Moya cantó “Liebe tauschend” y el tenor Rony Ancavil, “Sei mir gegrüst”.

De Eliodoro Ortiz de Zárate -compositor de la primera ópera criolla, “La fioraia di Lugano” (1895), perdida- se pudieron escuchar dos arias de “Lautaro”: “O nume splendente” y la escena final de Guacolda. Ortiz de Zárate (1865-1953) consiguió que la compañía italiana que actuaba en el Municipal en 1902 cantara su “Lautaro”; el rol de Guacolda fue asumido por la entonces famosa soprano Celestina Boninsegna. Esta vez, el desafiante cometido estuvo a cargo de la caudalosa voz de Soledad Mayorga. Nuevamente, aquí la moda de las óperas italianas impone los términos del canto spianato típico del verismo, a lo que se suman guiños a la Grand Opéra y otra vez a Wagner (en este caso, “Lohengrin”).

Remigio Acevedo Gajardo (1863-1911) estrenó el primer acto de su “Caupolicán” en 1902, que recién se presentó completa en 1942. Aunque la partitura está en español y en italiano, siempre se escuchó en Chile en español; fue la única ópera chilena hasta ese momento -según asevera Gonzalo Cuadra- que no se cantó en italiano o alemán, un asunto que respondía a “la industria” de esos años: así como los egipcios de “Aida” (Verdi) cantan en italiano, los mapuches también lo hicieron. En esta oportunidad se ofreció la versión en italiano del aria de Ercilla “Al rumor della battaglia”, interpretada por el bajo-barítono Matías Moncada, y “Oh! Guerrieri della Patria”, aria de Caupolicán, en voz de Rony Ancavil.

El programa siguió con “Ya me embarga la ceniza” (por la mezzosoprano Belem Abraham), de “La Cenicienta”, de Pedro Humberto Allende (1885-1959), con texto de Ikela Allende, escrita para ser presentada en un colegio de señoritas de la época, y terminó con “El Corvo” (compuesta en 1939), de Remigio Acevedo Raposo (1896-1951), hijo del compositor de “Caupolicán”. “El Corvo” es un título de carácter nacionalista con resonancias folclóricas y populares que nunca fue estrenado y del que se interpretaron el aria de Rosa “Ay, mi corazón” (por Nicole Galleguillos), el solo de Corvo “Si tú no me quieres” (Cristián Moya) y la canción de Pedro “Vuela, mi alma, hacia la era” (Rony Ancavil). Todo el programa contó con la colaboración de la pianista Yudalis Perdomo.

Juan Antonio Muñoz H.
1 de Noviembre, 2017, Cultura – El Mercurio

Investigan centenarias óperas chilenas.

El tenor y musicólogo Gonzalo Cuadra presenta hoy un nuevo capítulo de su profunda investigación sobre la creación lírica nacional que se abrió paso entre 1898 y 1950. Aunque Cuadra lleva ocho años investigando, sólo ha encontrado las partituras de 9 títulos. “La ópera nacional fue una épica contra el desdén de la intelectualidad, la desaprobación de la oligarquía, el menosprecio de los cantantes y la ausencia de una industria lírica”, asegura Cuadra.

“La ópera es una industria con muchos roles, desde la persona que cose un botón hasta quien la compone y canta. Y como aquí no había una industria lírica nacional, los compositores chilenos tenían que hacerlo todo. ¡Incluso costearlo!”, explica. Pese a los obstáculos, algunos emprendieron la tarea: “Cada partitura da muestra de oficio y nivel”, dice.

Hoy, a las 19 horas en la Sala América de la Biblioteca Nacional (gratis), la temporada de la U. Alberto Hurtado presenta el concierto “Ópera Nacional”, bajo la dirección artística de Cuadra. Una serie de solistas vocales serán acompañados al piano por Yudalys Perdomo.

“Vamos a volver a oír óperas que se escucharon en el estreno y nunca más, como ‘Lautaro’, de Eliodoro Ortiz de Zárate; óperas que se estrenaron tras la muerte del compositor, como ‘Caupolicán’, de Remigio Acevedo Guajardo, y óperas que nunca se han oído, como ‘Ghismonda’, de Raoul Hügel”.

Romina de la Sotta Donoso
30 de Octubre, 2017, Cultura – El Mercurio

Al rescate de la ópera chilena.

El tercer concierto de la temporada de la Universidad Alberto Hurtado presentó fragmentos de pioneras creaciones líricas, como “Lautaro” de Eleodoro Ortíz de Zárate, puestas en contexto por el investigador Gonzalo Cuadra en lo que constituyó un valioso concierto didáctico.

Desde hace un tiempo que se percibe en el medio artístico nacional un interés por la ópera hecha en Chile. Es decir no a nivel de cultivo de las obras del canon sino en cuanto a creación de estas. Los propios compositores actuales están mostrando esa inquietud, con óperas a gran escala (como “Viento Blanco” de Sebastián Errázuriz o “Renca, París y Liendres” de Miguel Farías), o en propuestas más abstractas de teatro musical y también óperas de cámara.

Desde el propio consumidor de música y el interesado operático empieza a aparecer también la pregunta, ¿y qué pasa con la ópera chilena histórica? Un repaso por nuestra historia cultural nos mostrará que el género no ha sido sistemáticamente tratado por nuestros compositores por diversos motivos, pero algo de ópera chilena ha habido desde 1895, cuando se estrenó “La Florista de Lugano” de Eleodoro Ortiz de Zárate. No hubo desarrollo continuo eso sí, y todavía hay títulos de compositores de generaciones intermedias como Juan Orrego-Salas, Gustavo Becerra o León Schidlowsky, que están ahí guardadas, esperando el momento en que se puedan montar como es debido.

Pero yendo a los inicios de la ópera en Chile, lo que hizo el Instituto de Música Universidad Alberto Hurtado en el tercer concierto de su temporada, fue realmente algo notable. Se echó mano a fragmentos de óperas chilenas de larga data, algunas de las cuales no se escuchan desde hace más de cien años. Todo se basó en una investigación llevada a cabo por el regisseur Gonzalo Cuadra. El propio Cuadra sirvió de maestro de ceremonias, comentando, explicando, contextualizando los fragmentos que pudo escuchar el público que repletó la Sala América de la Biblioteca Nacional. Este carácter didáctico le otorgó un alto valor a este evento, que esperamos que abra nuevos caminos al verdadero rescate de estas obras, y que algún día, tanto las que se montaron como las que no, puedan ser apreciadas por los amantes de la ópera de hoy.

Los fragmentos fueron acompañados en piano por Yudalys Perdomo, y el propio Cuadra dirigiéndola tanto a ella como los cantantes para conseguir la expresión necesaria, el punto de inflexión justa. En primer lugar, dos arias de “Velleda” (1898) de Raoul Hügel, compositor chileno de origen alemán imbuido en el wagnerismo. De hecho, la línea melódica del “Aria de Velleda” cantada por Marisil Caparotta tiene más que una reminiscencia de “Tristán e Isolda”.

Alfonso Leng es uno de nuestros compositores más reconocidos, y en sus inicios trabajó en una ópera que no concluyó, “María” de 1903. Reconocemos en el aria de la protagonista, interpretada por Belem Abraham, el profundo nexo de Leng con el mundo del lied alemán. De la misma generación de Leng, Próspero Bisquertt recogió la influencia del impresionismo francés en su música, lo que se nota en su ópera “Sayeda” de 1929, que en una época fue representada con frecuencia en el Teatro Municipal. De esta se escucharon tres trozos cantados por Soledad Mayorga, Alex Valencia y Nicolás Suazo.

Muchos recordarán que en los años 1998 y 2003 se presentó en el Municipal la ópera “Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta” de Sergio Ortega. Desde esa vez, no se hacía un título nacional en ese escenario desde 1972, cuando se estrenó “Ardid de Amor” de Roberto Puelma, una obra aun más antigua, de 1951. Se trata de una ‘ópera buffa’, que sigue las convenciones del género, con enredos amorosos y cambios de identidad, y con una música acorde. De esta se oyó un cuarteto, con las voces de Marisil Caparotta, Belem Abraham, Alex Valencia y Rodrigo Navarrete.

El plato fuerte de la noche sin duda fue el poder escuchar casi la totalidad del primer acto de “Lautaro” (1901) de Eleodoro Ortiz de Zárate, una obra que marcó época por lo ambiciosa que fue, más que por la recepción del público y los críticos de la época, que fueron despiadadamente hostiles. Desde su presentación en el Municipal en 1902 que no escuchaba esta música, y debemos afirmar que Ortiz de Zárate realmente fue un compositor bastante más competente de lo que dicen los reportes de los periódicos de la época. Su “Lautaro” es estilísticamente una mezcla entre la ‘grand-ópera’ francesa (del tipo Meyerbeer) con el Verdi del Risorgimento.

Sebastián Ferrada, tenor uruguayo con estudios en Italia, cantó las partes del rol titular, con una poderosa voz y un enfoque netamente verdiano, que demuestran su pulida técnica. William Camus (Pedro de Valdivia), Soledad Mayorga (Guacolda), Nicolás Suazo (Catiray), Rodrigo Navarrete (Ayamanque) hicieron todos un dedicado trabajo, cerrando de manera fantástica esta educativa velada. Si hay alguna de estas óperas que debería volver a presentarse en el Municipal, definitivamente debería ser “Lautaro”.

Álvaro Gallegos M.
6 de Junio, 2015, Beethoven FM