LUCIA DI LAMMERMMOR – Corporación Cultural de la Universidad de Concepción. 2017.

“El amor, la locura y la tragedia desatados… Una versión impecable y muy de acuerdo a nuestros días … Todo esto, ambientado con gran maestría, aprovechando cada espacio del escenario para generar esta atmósfera de tensión y tristeza. Detrás de este logro, está el trabajo de Gonzalo Cuadra, en la dirección de escena y Patricio Pérez en la Iluminación. Un escenario como nunca antes habíamos visto, acompañado de simbolismos, imágenes, castillos, naturaleza que se combinan para aumentar aún más nuestra conexión con la historia.”

(El Diario de Concepción, 26 de Agosto de 2017)

“…Esta versión de la Corporación Cultural Universidad de Concepción tiene aspectos de gran interés. El equipo liderado por Gonzalo Cuadra (director de escena) y Germán Droghetti (escenografía y vestuario) optó por una puesta bastante tradicional, aun cuando trasladó la trama de la ópera desde el siglo XVII al XIX. Se enfatizaron los tintes de la venganza que Edgardo, el enamorado de Lucia, anida contra la familia de esta, y se vinculó la tragedia de la protagonista con el sometimiento en que vive el género femenino en muchas sociedades contemporáneas, como también con la violencia ejercida sobre la mujer. Esto se explicita en las animaciones digitales (Daniel Flores) que enmarcan la escena de locura y a través de las cuales, además, se sitúa la acción en esos castillos, abadías y cementerios de las Highlands de Escocia, lo cual insufla magia visual a la producción.

Este ambiente propio de novelas de espíritu “gótico” sirve bien a la trama y a la atmósfera lúgubre que la ópera tiene. Una suerte de insanía mental proyectada en imágenes fantasmales y ruinas, que, desde la melancolía y la nostalgia inicial, alcanzan un grado absoluto de distorsión cuando Lucia, ensangrentada y puñal en mano, entra a escena tras el asesinato del marido.

Hay otros momentos cautivantes, como el curioso baile de Lucia con su hermano Enrico en el primer acto, que encuentra su réplica pavorosa en la escena de la locura, o el suicidio ulterior de Edgardo con el mismo puñal usado por su amada, que llega a sus manos a través del clérigo Raimondo Bidebent. Este, por su parte, es ciego -una metáfora para la falta de visión eclesial- y deambula acompañado por un niño que hace las veces de lazarillo. No es esa la única función que cumple el infante: en el momento en que Lucia acepta el matrimonio impuesto, el chico, que lleva en sus manos una muñeca, la desarma y la deja sin brazos. Tuvo un buen resultado también la escena final, bajo la lluvia, con los miembros del coro premunidos de paraguas. (“Donizetti brilla en el Bio Bio.”

(El Mercurio, 25 de Agosto de 2017)