Al rescate de la ópera chilena.

El tercer concierto de la temporada de la Universidad Alberto Hurtado presentó fragmentos de pioneras creaciones líricas, como “Lautaro” de Eleodoro Ortíz de Zárate, puestas en contexto por el investigador Gonzalo Cuadra en lo que constituyó un valioso concierto didáctico.

Desde hace un tiempo que se percibe en el medio artístico nacional un interés por la ópera hecha en Chile. Es decir no a nivel de cultivo de las obras del canon sino en cuanto a creación de estas. Los propios compositores actuales están mostrando esa inquietud, con óperas a gran escala (como “Viento Blanco” de Sebastián Errázuriz o “Renca, París y Liendres” de Miguel Farías), o en propuestas más abstractas de teatro musical y también óperas de cámara.

Desde el propio consumidor de música y el interesado operático empieza a aparecer también la pregunta, ¿y qué pasa con la ópera chilena histórica? Un repaso por nuestra historia cultural nos mostrará que el género no ha sido sistemáticamente tratado por nuestros compositores por diversos motivos, pero algo de ópera chilena ha habido desde 1895, cuando se estrenó “La Florista de Lugano” de Eleodoro Ortiz de Zárate. No hubo desarrollo continuo eso sí, y todavía hay títulos de compositores de generaciones intermedias como Juan Orrego-Salas, Gustavo Becerra o León Schidlowsky, que están ahí guardadas, esperando el momento en que se puedan montar como es debido.

Pero yendo a los inicios de la ópera en Chile, lo que hizo el Instituto de Música Universidad Alberto Hurtado en el tercer concierto de su temporada, fue realmente algo notable. Se echó mano a fragmentos de óperas chilenas de larga data, algunas de las cuales no se escuchan desde hace más de cien años. Todo se basó en una investigación llevada a cabo por el regisseur Gonzalo Cuadra. El propio Cuadra sirvió de maestro de ceremonias, comentando, explicando, contextualizando los fragmentos que pudo escuchar el público que repletó la Sala América de la Biblioteca Nacional. Este carácter didáctico le otorgó un alto valor a este evento, que esperamos que abra nuevos caminos al verdadero rescate de estas obras, y que algún día, tanto las que se montaron como las que no, puedan ser apreciadas por los amantes de la ópera de hoy.

Los fragmentos fueron acompañados en piano por Yudalys Perdomo, y el propio Cuadra dirigiéndola tanto a ella como los cantantes para conseguir la expresión necesaria, el punto de inflexión justa. En primer lugar, dos arias de “Velleda” (1898) de Raoul Hügel, compositor chileno de origen alemán imbuido en el wagnerismo. De hecho, la línea melódica del “Aria de Velleda” cantada por Marisil Caparotta tiene más que una reminiscencia de “Tristán e Isolda”.

Alfonso Leng es uno de nuestros compositores más reconocidos, y en sus inicios trabajó en una ópera que no concluyó, “María” de 1903. Reconocemos en el aria de la protagonista, interpretada por Belem Abraham, el profundo nexo de Leng con el mundo del lied alemán. De la misma generación de Leng, Próspero Bisquertt recogió la influencia del impresionismo francés en su música, lo que se nota en su ópera “Sayeda” de 1929, que en una época fue representada con frecuencia en el Teatro Municipal. De esta se escucharon tres trozos cantados por Soledad Mayorga, Alex Valencia y Nicolás Suazo.

Muchos recordarán que en los años 1998 y 2003 se presentó en el Municipal la ópera “Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta” de Sergio Ortega. Desde esa vez, no se hacía un título nacional en ese escenario desde 1972, cuando se estrenó “Ardid de Amor” de Roberto Puelma, una obra aun más antigua, de 1951. Se trata de una ‘ópera buffa’, que sigue las convenciones del género, con enredos amorosos y cambios de identidad, y con una música acorde. De esta se oyó un cuarteto, con las voces de Marisil Caparotta, Belem Abraham, Alex Valencia y Rodrigo Navarrete.

El plato fuerte de la noche sin duda fue el poder escuchar casi la totalidad del primer acto de “Lautaro” (1901) de Eleodoro Ortiz de Zárate, una obra que marcó época por lo ambiciosa que fue, más que por la recepción del público y los críticos de la época, que fueron despiadadamente hostiles. Desde su presentación en el Municipal en 1902 que no escuchaba esta música, y debemos afirmar que Ortiz de Zárate realmente fue un compositor bastante más competente de lo que dicen los reportes de los periódicos de la época. Su “Lautaro” es estilísticamente una mezcla entre la ‘grand-ópera’ francesa (del tipo Meyerbeer) con el Verdi del Risorgimento.

Sebastián Ferrada, tenor uruguayo con estudios en Italia, cantó las partes del rol titular, con una poderosa voz y un enfoque netamente verdiano, que demuestran su pulida técnica. William Camus (Pedro de Valdivia), Soledad Mayorga (Guacolda), Nicolás Suazo (Catiray), Rodrigo Navarrete (Ayamanque) hicieron todos un dedicado trabajo, cerrando de manera fantástica esta educativa velada. Si hay alguna de estas óperas que debería volver a presentarse en el Municipal, definitivamente debería ser “Lautaro”.

Álvaro Gallegos M.
6 de Junio, 2015, Beethoven FM